LA CRISIS YA NO DISTINGUE BANDERAS POLÍTICAS: EL INGRESO PIERDE CONTRA LA INFLACIÓN

El impacto de la situación económica comienza a reflejarse incluso entre quienes respaldan al presidente Javier Milei. Un reciente relevamiento de opinión muestra que el deterioro del poder adquisitivo dejó de ser una preocupación exclusiva de los sectores opositores y pasó a instalarse también entre buena parte del electorado oficialista.
De acuerdo con el informe, el 70,2% de quienes votaron por Milei reconoce que su salario perdió frente a la inflación, mientras que la percepción negativa sobre la economía se expande en prácticamente todos los segmentos sociales.
Los datos reflejan que la desaceleración del índice inflacionario no se traduce, al menos por ahora, en una mejora concreta para los ingresos familiares. Para una amplia mayoría de los consultados, la recuperación económica todavía no llegó al bolsillo y el sueldo continúa perdiendo capacidad de compra frente al aumento del costo de vida.
El estudio también revela que el 86,1% de los argentinos considera que sus ingresos no le ganan a la inflación, mientras que el 61% afirma que el dinero le alcanza, como máximo, hasta el día 20 de cada mes, una cifra que expone las dificultades que enfrentan millones de hogares para cubrir gastos básicos durante todo el mes.
Otro dato que refleja el deterioro económico es la percepción sobre la posición social. Según el relevamiento, más de la mitad de los argentinos se considera actualmente parte de la clase baja, un indicador que muestra el retroceso del poder adquisitivo y el aumento de la vulnerabilidad económica.
Los resultados adquieren especial relevancia porque el malestar ya no aparece concentrado únicamente entre quienes rechazan al Gobierno. Incluso dentro del universo de votantes oficialistas, la mayoría reconoce que la recuperación prometida todavía no impactó en sus ingresos.
Los analistas sostienen que la baja de la inflación, aunque representa un dato positivo desde el punto de vista macroeconómico, no logra modificar la percepción cotidiana de las familias, que continúan enfrentando aumentos en alimentos, servicios, alquileres y otros gastos esenciales.
En ese contexto, la sensación de pérdida de poder adquisitivo se mantiene estable desde hace varios meses, lo que evidencia que el proceso de estabilización económica aún no alcanza para revertir las dificultades financieras de buena parte de la población.
Mientras el Gobierno continúa defendiendo su programa económico y asegura que la recuperación llegará de manera gradual, las encuestas muestran que la preocupación por los ingresos comienza a erosionar incluso la base electoral que respaldó al oficialismo, convirtiendo al bolsillo en uno de los principales desafíos políticos y económicos para la gestión nacional.



